Artículo de opinión 21 Septiembre
Corrupción, el principal “legado”
ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA
2018-09-01 20:49:04
SEXTO INFORME
Uno de los cánceres que crecieron en forma desmesurada en el
país durante la administración de Enrique Peña Nieto fue la corrupción del
aparato de gobierno. Los escándalos de este tipo tuvieron consecuencias
económicas y políticas: minaron la confianza de los inversionistas, mostraron
la nula voluntad de erradicar esta práctica en las altas esferas –comenzando
por la Presidencia de la República– e indignaron a la opinión pública. La
situación se fue agravando con la persistente impunidad, hasta llegar al desprestigio
total con que el mandatario deja Los Pinos.
Los escándalos de corrupción, abuso de poder y otras
conductas ilegales o faltas administrativas durante el gobierno de Enrique Peña
Nieto siguen impunes hasta ahora.
Pese a las cifras con que los últimos cinco informes de
gobierno pretenden mostrar sus acciones sancionatorias, una revisión de los
escándalos más sonoros del sexenio refleja los carpetazos y la ausencia de
registro de sanciones a los altos funcionarios.
El ejemplo más claro está en el balance que, después de casi
cuatro años, el titular del Ejecutivo hizo respecto del reportaje “La Casa
Blanca de Peña Nieto”, realizado por el equipo de Aristegui Noticias y
publicado de manera conjunta en este semanario (Proceso 1984).
Dicho reportaje acreditó con documentos y testimonios que
una residencia en el exclusivo sector de Lomas de Chapultepec fue construida
por una firma de Juan Armando Hinojosa Cantú, cabeza del Grupo Higa, una
constructora asentada en Toluca que acumulaba miles de millones de pesos en
contratos federales durante el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México y
en los primeros dos años de su administración federal.
La explicación que posteriormente ofreció la esposa de Peña
Nieto, Angélica Rivera, incluyó una revelación sobre la irregularidad de la
adquisición. Informó que tuvo financiamiento de la empresa de Hinojosa Cantú:
el contratista consentido del peñanietismo le construyó la casa y le solventó
la compra por fuera del sistema financiero.
Instalado en la misma posición desde 2015, cuando pidió
perdón, no por el hecho sino por haber dado una mala impresión, el pasado 22 de
agosto Peña Nieto le dio una entrevista a Denise Maerker en el Canal 2 de
Televisa. A unos meses de terminar su mandato, insistió en lamentar que la información
haya sido “insuficiente” y afectara su credibilidad y la de su gobierno.
“El señalamiento de
la ‘casa blanca’ fue indebido. No debí involucrar a mi esposa, me arrepentí de
haberla involucrado. Ha sido difícil superarlo en todo este tiempo”, dijo.
Aseguró que si fuese necesario volver a tomar una decisión al respecto, no lo
haría “porque a ella no correspondía; ella no es funcionaria, no es servidora
pública, ella tiene su propia trayectoria y la involucré”.
El 3 de febrero de 2015 Peña Nieto designó a Virgilio
Andrade Martínez como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP). En
la toma de protesta, el mandatario le encargó que investigara si hubo
“conflicto de intereses” en la compra de tres inmuebles, entre ellos la casa
que Luis Videgaray adquirió en Malinalco bajo el mismo esquema de
financiamiento.
El 21 de agosto del mismo año Andrade dio a conocer el
resultado de su investigación: no se materializaba el conflicto de intereses.
Ese día Proceso le inquirió si se había investigado la posibilidad de otros
delitos o irregularidades y el funcionario contestó que no.
Con ese dictamen y la oferta de integrar una reforma para
construir un Sistema Nacional Anticorrupción, que hasta ahora es inoperante,
Peña Nieto dio carpetazo al asunto.
OHL y Odebrecht
Pieza clave en la primera mitad del sexenio, Emilio Lozoya
Austin se vio implicado primero en posibles actos de corrupción con la
constructora de origen español OHL y posteriormente con la brasileña Odebrecht.
Lozoya Austin llegó al equipo de transición de Peña Nieto en
2012 y luego a la dirección de Pemex. Venía de ser miembro del consejo de
administración de OHL México. Ya en la petrolera, designó como titular de la
dirección financiera a Mario Beauregard, quien había ocupado el mismo cargo en
OHL.
Los contratos de OHL en el Estado de México fueron
ampliamente documentados. Apenas comenzó Lozoya a dirigir Pemex, la
trasnacional española extendió sus negocios en el sector energético mexicano.
Tan sólo en 2013 consiguió un contrato con Pemex Refinación por un
Turbogenerador TG-8 en la refinería Ciudad Madero, que ascendió a mil 16
millones de pesos; una planta de hidrógeno en la refinería de Cadereyta, así
como un ramal de ahí al Gasoducto Los Ramones por 927 millones (asociada con
Senermex) y una planta de rebombeo en el poliducto de Salamanca-Guadalajara por
453 millones.
Además de Lozoya, en el consejo de administración de OHL
figuraba Carlos Ruiz Sacristán, presidente del mismo y director de IEnova,
trasnacional energética ampliamente favorecida por los gobiernos de Calderón y
Peña Nieto.
Una de las primeras acciones de Lozoya al frente de Pemex
fue crear la razón social Tag Pippelines, precisamente con IEnova, y sin estar
sometidas a la Ley de Transparencia contrataron a la brasileña Odebrecht para
construir la obra energética más cara del sexenio: el gasoducto Los Ramones.
El 28 de julio de 2015, una serie de conversaciones grabadas
evidenciaron la relación de Lozoya Austin con Juan Villar Mir y otros directivos
españoles de OHL. Esos diálogos, filtrados a la prensa en el contexto de la
investigación por corrupción que se seguía en España a OHL y a Villar Mir, su
accionista mayoritario, determinaron que Lozoya Austin saliera de Pemex en
febrero de 2016.
Este semanario publicó que los testimonios de exdirectivos
de Odebrecht involucraban a Lozoya Austin en la recepción de sobornos. En un
reportaje de Quinto Elemento Lab, publicado en la revista (Proceso 2128), se
acreditó que exdirectivos de esa firma declararon en tribunales brasileños que
le entregaron a Lozoya Austin “propinas” que sumaban 10 millones de dólares. El
funcionario se vio en medio del segundo escándalo de presunta corrupción del
sexenio, que remitía a la campaña presidencial de Peña Nieto en 2012.
Cuando investigaba ese caso en la Fiscalía Especializada
para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), el fiscal Santiago Nieto
Castillo fue removido del cargo mediante un procedimiento que se ubicaba en los
límites de la legalidad, pero el funcionario denunció amenazas y desistió de
impugnarlo.
Lozoya siempre ha negado los cargos y la averiguación sigue
abierta en la FEPADE, aunque de manera precaria, pues según su actual titular,
Héctor Díaz Santana, la fiscalía no ha reunido ni siquiera la evidencia
necesaria para citar a declarar al exdirector de Pemex.
Una consulta al portal de Servidores Públicos Sancionados
arroja que ni Lozoya ni Beauregard ameritaron al menos una sanción
administrativa por su cuestionado desempeño en la petrolera.
Ruiz Esparza
y el estilo mexiquense
Los casos de la Casa Blanca y el de OHL tienen otro actor
común: el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza.
En la dependencia a su cargo se entregaron importantes
contratos al Grupo Higa y OHL. Como Lozoya, Ruiz Esparza también fue expuesto
en las llamadas filtradas con los directivos de OHL y es responsable por la
licitación mediante la cual se otorgó el contrato para la construcción del tren
México-Querétaro, que se frustró un día antes de que estallara el escándalo de
la Casa Blanca.
Únicamente por la cancelación del contrato en la primera
quincena de 2014, la administración de Peña Nieto heredará a la de López
Obrador un litigio internacional en el que la empresa China Railway reclama al
gobierno mexicano una indemnización de 11 mil 294 millones de pesos por haber
cancelado el fallo de la licitación que la declaró ganadora el 3 de noviembre
del citado año.
Hasta ahora, ninguna instancia ha determinado si esa
cancelación causó daño patrimonial a México.
El cúmulo de irregularidades relacionada con el Programa
Nacional de Infraestructura, señaladamente en materia de comunicaciones y
transportes, tiene como su mayor referente el Nuevo Aeropuerto Internacional de
México (NAIM), proyecto en el que la Auditoría Superior de la Federación (ASF)
detectó irregularidades que rondan los mil millones de pesos. El Grupo
Aeroportuario de la Ciudad de México, que dirige la obra y está sectorizado a
la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), no ha respondido al grave
señalamiento.
La gestión de Ruiz Esparza y las entidades que tiene
sectorizadas la SCT han sido objeto de varios señalamientos por corrupción:
desde el temprano escándalo de la licitación por las tarjetas IAVE (en el que
la SFP tampoco encontró irregularidades) hasta el caso del “socavón” en el Paso
Express de Cuernavaca, además del empoderamiento de un puñado de empresarios
mexiquenses (Proceso 2081). Sin embargo, hasta ahora el funcionario no ha
enfrentado consecuencias jurídicas ni administrativas.
Sanciones, pero no
para funcionarios
En el caso del Paso Express de Cuernavaca la ASF identificó
irregularidades, pero la SFP no ha dado información al respecto. El 12 de julio
de 2017 un súbito hundimiento en esa vía cobró la vida de dos personas, lo que
provocó la exigencia de que Ruiz Esparza renunciara.
Al concluir su investigación, la SFP dio a conocer el pasado
5 de julio que ha sancionado a servidores públicos con cargos de residente de
obra, residente general, subdirector, director general adjunto y director
general.
Por ley, la SFP no puede hacer públicos los nombres de los
sancionados, a quienes se les impusieron amonestaciones, suspensiones
temporales del cargo, destituciones y dos inhabilitaciones, una por un año y
otra por 10.
El tipo de sanción y el perfil de los servidores a quienes
se les aplicaron es consistente con la estadística de la SFP en este sexenio:
En el Registro de Servidores Públicos Sancionados (RSPS),
entre el 1 de diciembre de 2012 y el 30 de junio de 2017 se enlistó un
acumulado de 54 mil 442 procedimientos administrativos a 40 mil 164
funcionarios, de los cuales a 22 mil 927 se les impusieron amonestaciones
públicas y privadas (42.1%); suspensiones a 14 mil 236 (26.1%); 11 mil 331
fueron inhabilitados (20.8%); hubo mil 961 destituciones (3.6%) y 3 mil 987
sanciones económicas (7.3%) con un monto total de 9.1 millones de pesos.
En suma, 2 mil 931 personas fueron objeto de sanción
económica por un promedio de 3 mil 104 pesos.
El aspecto más destacado de las sanciones que presume el
gobierno de Peña Nieto son las amonestaciones y las suspensiones, pues las
primeras son una llamada de atención y las segundas pueden ser sólo por un día,
pero esto no se refleja en el Anexo Estadístico del Quinto Informe de Gobierno.
Ese tipo de sanción representa el 68.2% de todas las que aplicó el gobierno
federal.
En tanto, los casos de destitución e inhabilitación (que
suman juntas 24.4% de las los procedimientos sancionatorios) jamás han tocado a
la alta burocracia y mucho menos al gabinete.
Aun en aquellos casos en los que la SFP difundió en
comunicados oficiales que había procedido contra servidores públicos
identificables, Proceso comprobó que en el RSPS no hay rastro de la supuesta
sanción.
El 26 de abril de 2013 la hija del titular de la
Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), Humberto Benítez Treviño,
protagonizó un caso de prepotencia y abuso de autoridad al llamar a
funcionarios de la dependencia para cerrar el Máximo Bistró, un restaurante
donde no se le asignaba mesa.
La SFP anunció la destitución e inhabilitación por un año de
cuatro funcionarios de la Profeco: el subprocurador de Verificación, el
director general de Verificación y Vigilancia, el director de Procedimientos y
el jefe del Departamento de Verificación de Normas Oficiales Mexicanas.
Por sus cargos se pudo identificar al entonces subprocurador
Roberto Figueroa Martínez; el director de Verificación, Jesús Rolando Rangel
Espinosa; el director de Procedimientos, Policarpo Montes de Oca, y el jefe de
departamento Abraham Sánchez Fuentes. Días después de los hechos, el entonces
secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció la remoción de
Benítez Treviño. Sin embargo, en la base de datos del RSPS no hay registro de
dichas sanciones.
Entre los más sonados escándalos también figuró el del
entonces director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), David Korenfeld
Federman, cuando un ciudadano lo grabó en el momento que abordaba un
helicóptero de la dependencia junto con su familia para irse de vacaciones.
No fue la única vez que Korenfeld les dio uso familiar a las
aeronaves oficiales. Tras intentos fallidos de justificarse, renunció y la SFP
anunció que se le impuso una multa superior a 638 mil pesos. Pero en el RSPS no
consta esa multa.
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